El marketing de la pieza única, adaptado a la indumentaria

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“Cual marketinera, siempre quise desarrollar una marca, pero no sabía con qué producto.” Yaya Ancízar, de 30 años, estudió Relaciones Públicas y trabajó en varias empresas, siempre en el área de Marketing, hasta que unas vacaciones en la India le abrieron el camino hacia su propio negocio, Cambac.

El viaje familiar la llevó a un mundo de telas, géneros y texturas de todos los colores que la impulsó a hacer vestidos únicos para fiestas. “Nunca hacemos un vestido igual a otro, y eso a la gente le encanta, porque llegar a un casamiento y ver tres chicas con el mismo vestido que el tuyo, que te salió un ojo de la cara, es un mal programa”, dijo Ancízar.

Viajó a la India en febrero de 2006. Ella trabajaba en Jardín del Pilar, la empresa dueña de cementerios y casas funerarias, haciendo “marketing de la muerte”, como lo llama ella. “Trabajé tres años vendiendo la muerte sin mencionarla, una experiencia de marketing fantástica”, dijo Ancízar, y explicó que se trata de un gran aprendizaje que potencia la capacidad de venta para cualquier producto.

“Yo siempre quise desarrollar mi marca. Sé que con el marketing se vende todo y estaba convencida de que si a mi proyecto personal le dedicaba las mismas nueve horas que al trabajo en relación de dependencia era muy difícil que fuera mal”, afirmó la emprendedora.

Con el viaje a la India también descubrió tener el ojo de encontrar en el montón el producto ideal para cualquier argentina. “Había 35.000 polleras y yo agarraba una y era la más linda que nadie había visto. A la India va gente de todo el mundo a comprar, por eso hay estilos para todos los gustos y es difícil a veces encontrar algo rescatable que le guste a una argentina”, explicó.

Regresó de sus vacaciones con mucha ropa, que vendió en una feria que organizó en su casa. “Vendí todo en una semana. Fue furor. Como a los pocos meses me casaba, dudaba de viajar de nuevo y desarrollar una marca de ropa con los géneros que estaban buenísimos. Justo una amiga me llamó porque estaba por viajar a la India y se dio una reestructuración en Jardín del Pilar y quedé fuera de la empresa. Entonces lo vi como una señal y viajé con mi amiga”, señaló Ancízar.

Volvió a la Argentina con otro montón de productos nuevos y organizó otras ferias en su casa, pero una oferta de trabajo de Johnson&Johnson, en el área de Marketing, interrumpió su desarrollo. La emprendedora pensó: “Me caso a fin de año y el trabajo en relación de dependencia me da más tranquilidad” y aceptó el trabajo. Al poco tiempo, una consultora de marketing le ofreció manejar varias marcas importantes de diferentes rubros y cambió de empresa.
Multifunción

En marzo de 2007, cuatro meses después de su casamiento, dijo: “¡Basta! Yo no le quiero dar más plata a nadie, quiero generar un producto que esté bueno y que toda la plata vaya para mí”. Entonces decidió ir a la India y generar su propia marca. “Renuncié al trabajo y me largué, que significó largar la estabilidad económica y emocional que te da la relación de dependencia. Pasé a ser la dueña, empleada, inversora, cumplía todos los roles de mi empresa”, indicó Ancízar.

Con una inversión inicial de 20.000 pesos, viajó e hizo en julio de ese año una feria en un departamento en la calle Quintana, pero ya presentándose como Cambac. “Ahí me fue bárbaro. A fin de año empecé a abrir jueves y viernes; claro que a veces venía gente y a veces no, pero me fui armando una constancia. En marzo de 2008 volví a la India y, con más productos, abrí de martes a viernes. Fui creciendo con la demanda, por eso en agosto de ese año empecé a atender de lunes a sábados”, afirmó la emprendedora.

Cambac es un nombre que según la dueña “no significa nada en especial”, porque ella quería darle el concepto a la marca. Un concepto construido a base de sus vestidos únicos, sus telas exclusivas de Oriente y el servicio de asesoramiento que se hace en el showroom . “Le decimos hasta qué color de uña ponerse en los pies. Es todo un trabajo de imagen, no es sólo venir a comprarse un vestido”, señaló Ancízar.

“Buscamos lograr un producto que sea único, exclusivo y cómodo, porque si estás cómoda lo vas a lucir veinte veces más. Y eso se puede hacer porque los géneros, con sus bordados y colores, comunican un montón. Entonces, con un modelo básico estás bárbara”, agregó.

Con una facturación anual de 20.000 pesos, Ancízar, explicó: “Vos podés anhelar un montón de cosas, pero si no lo acompañás con acciones no se da. Yo trabajo un montón de horas para crear la marca y no tengo dudas de que Cambac va a ser un imperio”.

Ahora la emprendedora, convencida de que es un buen momento de crecimiento, está por mudarse a otro showroom más espacioso.

Fuente | La Nación

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