Servicios para evitar el estrés de un ejecutivo extranjero en el país

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Instalarse en un país nuevo no es fácil, y Marcela Viola y Graciela Mancini lo saben muy bien. Vivieron dos años en México por el trabajo de sus maridos y tuvieron que lidiar con las más diversas complicaciones: desde la elección de un colegio para los chicos hasta los nombres raros de alimentos y productos que veían en los supermercados. En sus viajes exploratorios llenaron páginas de anécdotas y decidieron ahorrarle los malos tragos al resto de los expatriados. Con ese objetivo, nació en 2007 Bris, una empresa especializada en relocaciones que resuelve desde grandes temas, como migraciones, hasta los inconvenientes más cotidianos, como la recomendación de un médico.

Viola y Mancini se conocieron en México. El destino las llevó a un país lejano al mismo tiempo y un amigo en común las presentó. Estaban en ciudades distintas y se encontraron un día en terreno neutral con una flor en el ojal para reconocerse entre sí y a sus respectivas familias. Por separado, fueron ayudando a los que llegaban a México desde la Argentina con proyectos independientes.

“Te hacen pagar un derecho de piso y al mismo tiempo tenés que lidiar con diferencias culturales que incluyen desde nombres diferentes hasta costumbres. Yo estuve meses buscando un lugar donde comprar un tupper y fui aprendiendo los nuevos nombres de remedios o marcas que eran las mismas que en mi país”, recordó Mancini, que dejó en Veracruz a una amiga con el proyecto (una sucursal de Bris en México).

En tierra conocida, ambas se reencontraron y pusieron en marcha el proyecto Bris con especial énfasis en su capacidad de ofrecer una atención personalizada. “Armamos nuestra carpeta de presentación y juntamos los nombres de los gerentes de recursos humanos de unas 50 empresas de primera línea. Empezamos a despacharlas y después llegaron las llamadas”, señaló Viola.

El primer cliente dejó su huella. Con un tradicional afán por resolver todos los problemas, aceptaron hacerse cargo de migraciones y contrataron un estudio de abogados especializados. El trámite salió mal y el ejecutivo no pudo ingresar en el país. “Fue un fiasco, pero aprendimos y, a partir de ahí, quedamos registradas en migraciones para hacer todos los trámites”, dijo Mancini.
Sistema de trabajo

Bris opera sobre las necesidades de cada persona que la empresa cliente decide traer. Para ello, las socias cuentan con una plataforma online en la que los clientes llenan datos personales y requisitos.

“Es el primer paso. Vemos si vienen con sus familias, qué casas buscan, por cuánto tiempo se quedan, si tienen hijos o mascotas… Intercambiamos la documentación, les explicamos sobre los apostillados, las legalizaciones y vienen al país a iniciar los trámites. En ese momento, les mostramos la ciudad y las alternativas que buscamos para ellos”, explicó Viola, que recuerda entre los casos más difíciles la búsqueda de un colegio integrador de chicos con dificultades.

“Todos me decían que tenían vacantes, y cuando les explicaba la condición del chico me decían que ya nos las tenían. Vimos, sin exagerar, unos 40 colegios. Eso es una parte de lo que hacemos, atendemos todo. Muchas veces acompañamos a las esposas de los ejecutivos al supermercado y les explicamos las marcas y los productos.”

Con todo, la empresa construyó una cartera de clientes con firmas multinacionales y sostiene una facturación mensual de 20.000 pesos. “Nosotras buscamos que la familia se sienta contenida; que sepa a quién llamar si se corta la luz o si necesita un médico. Las cuestiones más cotidianas pueden ser las más complicadas”, dicen las socias, que este año buscarán expandirse y sumar más clientes.

Fuente | La Nación

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