Tejidos artesanales de lana y raíces, para mujeres clásicas

Hace dos años, Valeria Noto, de 49 años, y Teresa Mayorga, de 59, se subieron a un colectivo en Retiro rumbo a Salta y Jujuy. “Fue toda una aventura; el viaje no tenía grandes lujos y tuvimos que armarnos de paciencia hasta llegar”, recuerda Noto, que junto con su amiga de años había ido en busca de algo especial: los telares artesanales y quienes los trabajan.

El objetivo final: armar una red de tejedores de Purmamarca, Tilcara y Salta que, aun estando en proceso de construcción, dio vida a Vateba, una empresa de indumentaria femenina, con un tinte clásico, que realiza prendas “casi de colección, porque cada pieza que se teje es imposible de copiar”.

La compañía comenzó a operar el año pasado, con una inversión de 20.000 pesos, y hoy alcanza ventas por $ 30.000 mensuales. Las prendas se exhiben en un show room lindante con el Patio Bullrich, en un stand en La Rural (en la obra Opera Pampa) y en hoteles del Sur.

“El turista valora mucho lo artesanal y nosotras les quisimos poner a esos tejidos un toque de diseño, pero no sólo le hablamos al turista”, explica Mayorga, que divide su tiempo entre el emprendimiento, sus dos nietos y su trabajo como traductora. “Ese toque no es algo moderno, sino más bien clásico, para mujeres que quieren estar bien en el trabajo y en las salidas. ¿Edades? Diría que para las que tienen más de 30 años”, agrega.

Caminos y familias
El viaje llevó a las amigas a localidades como Purmamarca, donde conocieron grandes familias dedicadas al arte del telar.

“Es algo increíble y también impredecible. Las mujeres dejan los telares afuera; entonces, cuando llueve, los pedidos pueden fallar. Justamente estamos lidiando con esos huecos y de a poco vamos armando la cadena para evitar fallas”, dicen las emprendedoras. Vateba optó por trabajar con lanas de oveja (aguayo, barracán, picote) y de llama para los sacos, pulóveres y polleras. Esas lanas se fusionan con varias raíces tejidas, como el chaguar, que la empresa utiliza en particular para el armado de carteras.

“Esta cartera -dice, mientras toma una de la colección- no la puede tener nadie más. Fijate en la trama: es imposible volver a hacerla igual porque es algo completamente artesanal. Nosotras compramos bloques de tela, los hacemos traer y acá los procesamos en talleres de costura”, comenta Noto. La emprendedora, que antes se dedicaba a la administración de servicios, fue la que le propuso el proyecto a su amiga hace cinco años. “Siempre había querido hacer algo de vestimenta. ¿Qué mujer no se siente atraída por la ropa?”, se pregunta. Hoy, después de varios cursos de diseño, participa con Mayorga y dos diseñadoras en el armado de las colecciones.

“Confiamos mucho en los talleres; ellos nos supieron interpretar y todo el tiempo vamos aprendiendo cosas del rubro. Es un mercado complicado y hay que abrirse paso con delicadeza”, detalla Noto, y destaca: “Todo lo que trabajamos es natural. Nos esforzamos con cada detalle y hasta los botones son de madera. Creo que lo único que no podemos sustituir son los forros internos de los sacos”.

Ese esfuerzo y el hecho de volcar colecciones únicas se trasladan, de alguna forma, al precio de los productos, pero las socias destacan que “no hay un exceso de valoración”.

“Tenemos tapados de 1100 pesos, sacos de 500 y carteras de 200 a 300 pesos. No nos parece algo excesivo, y menos si se compara con marcas industriales, que venden sacos a 1500″, destacaron.

El próximo paso de Vateba es aceitar la cadena de proveedores, que recientemente sumó un eslabón en Catamarca. Las emprendedoras también quieren exportar, pero reconocen que “para eso falta, porque hay que asegurar la cadena para cumplir con los pedidos”.

Fuente | La Nación

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