¿Es mejor aguantar un mal jefe que no tener ninguno?

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A lo largo de su vida laboral, un trabajador tendrá la mala suerte de estar bajo las órdenes de supervisores con pocas dotes para el mando, escaso conocimiento de sus funciones o nula empatía.

Si bien muchos lo piensan dos veces antes de quejarse formalmente, siempre hay formas de desahogarse.

En esto pensó Working America, una organización de trabajadores estadounidense vinculada con el mayor sindicato del país norteamericano, AFL-CIO.

A través de su web organizó un concurso para elegir la mejor historia sobre el peor jefe, con unas vacaciones pagas de siete días como gran premio a la vencedora, según informa elEconomista.es

El único requisito, ser capaz de resumir en un máximo de 500 palabras la anécdota que convierte al supervisor en cuestión en merecedor del calificativo “mal jefe”.

Las historias enviadas se publican con un alias y las bases del certamen garantizan el anonimato, un dato a tener en cuenta, ya que aún no hay suelo firme a la hora de dictaminar si las críticas a un superior vía Internet son causa de despido.

Un estudio reciente de Monster recogía que un 28% considera que su jefe es “completamente” incompetente.
Y yendo más allá en los detalles, el periodista y escrito Jon Ronson descubrió que es común encontrarse con un directivo con perfil de psicópata en las empresas, donde además suele despuntar por ser innovadores, energéticos e inteligentes.

La contrapartida: “Destilan una malevolencia casi invisible, especialmente si son líderes empresariales”, señalaba el autor a la BBC.

Es más que probable que alguno de los 600 mensajes que acumula el concurso de Working America contenga una historia sobre un jefe con tintes psicópatas. Incluso, destaca elEconomista.es, entre alguna de las cuatro historias semifinalistas.

A Bad Barista, su jefa la llamó varias veces cuando estaba en la ambulancia, de camino al hospital, con dolencias cardíacas, amenazándole con despedirle porque no era capaz de hacer su trabajo.

“Siguió llamándome echándome en cara que mis problemas de salud estaban causando problemas de agenda en el negocio”, cuenta.

Para Sidney Bristow, de Illinois, el problema era el combustible. Según explica, se presentó en la oficina de su jefe, que cobra cinco veces más, para pedirle una bonificación por el transporte al trabajo, que le costaba la cuarta parte de sus sueldo. La respuesta que recibió fue: “Lo sé. Cuando vaya a buscar mi Porsche este verano me va a costar mucho llenar el depósito”.

Fuente | iProfesional