Con la miel como materia prima, crean delikatessen dulces y saladas

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Guillermo Frusto y Patricia Busquet estaban hechos el uno para el otro, al menos comercialmente hablando.

El, arquitecto, interesado en la producción de biodiésel, cultivos orgánicos y agroemprendimientos; casado, con dos hijos y otro en camino. Ella, licenciada en administración de empresas, con años de experiencia en el área de marketing de empresas de consumo masivo como Coca-Cola y Unilever; se casará en noviembre. A él le gustan los “fierros”, la producción. A ella, vender, tender redes de distribución, encargarse de la planificación comercial.

Ambos pertenecen a familias dedicadas a la explotación agrícola ganadera en la provincia de Buenos Aires, en las localidades de Daireaux y Bolívar, pero no se conocían hasta hace un par de años, en que los presentó un amigo en común.

En 2003, entusiasmado por un amigo, Frusto dejó su trabajo en Trenes de Buenos Aires (TBA), compró 400 colmenas y empezó con la producción de miel. “Cuando obtuve la primera cosecha, el precio de la miel se derrumbó porque habían encontrado nitrofuranos en la miel que la Argentina envió a Europa”, recuerda. “Tenía 20 tambores de miel y no la quería tirar ni regalar; quería darle valor agregado.”

Así que se encerró en la cocina del campo familiar para hacer salsas y mermeladas con la miel como principal ingrediente. “Durante ese tiempo vivimos de los ahorros y del trabajo de mi mujer”, explica. Lo primero que logró, basándose en recetas familiares, fue una salsa de mostaza y miel. Luego el chutney de frutas (una conserva agridulce para acompañar carnes).

Siempre pensando en posicionarse entre los productos gourmet salió a vender por las vinotecas y almacenes en la provincia de Buenos Aires, en las localidades cercanas al campo donde había instalado los apiarios: Suipacha, Bragado, Chivilcoy y 9 de Julio.

Por su parte, Patricia, a la par que trabajaba en el área de marketing de Unilever, había formado una empresa, Kaupen (que significa ´estar en casa en tehuelche), con dos socios para vender miel tipificada al exterior. “Vimos una oportunidad en Europa, donde se consume mucha más miel que acá, y de distintos sabores: miel de limón, de romero”. Pero ninguno de los tres socios dejó sus respectivos trabajos para jugarse por el emprendimiento y la empresa dejó de funcionar.

En 2006, Patricia y Guillermo se conocieron y decidieron sumar fuerzas para sacar adelante la empresa Pampagourmet, y su marca, Delicias de Campo. Ganaron el concurso Naves, del centro de entrepreneurship del IAE, donde compiten los mejores planes de negocios. Con ese triunfo en la mano, Patricia se decidió finalmente a dejar su trabajo y asumió la parte comercial de Pampagourmet.

Hoy, con colmenas propias, y abasteciéndose además de otros productores, la línea de productos se divide en salsas para comidas y carnes, salsas para postres, mermeladas y miel. También incursionaron en recetas sin miel, como el chimichurri con malbec, porque descubrieron que en muchos países representaba una barrera para el ingreso.

Con una inversión inicial de $ 150.000, hoy facturan cerca de $ 40.000 por mes y la producción es de 6000 frascos. Este año la producción se sextuplicó gracias al ingreso en Carrefour, Jumbo, Wal-Mart y Libertad. “Lo más complicado del crecimiento fue atar la producción a la cosecha para no quedarnos sin materia prima en medio de la temporada”, dice Frusto.

Luego de participar en varias ferias internacionales, como el SIAL, decidieron formar parte de Food Concept, un consorcio de exportación integrado por empresas productoras de alimentos, vinos e infusiones auspiciados por las fundaciones BankBoston, ExportAr y el Ministerio de Asuntos Agrarios y Producción de la provincia de Buenos Aires. Ya recibieron pedidos de China y Alemania, y este año se preparan para viajar a Brasil y México.

Pampagourmet afronta la típica crisis de crecimiento. Necesita ampliar la planta de producción que tiene en San Fernando, comprar una nueva etiquetadora y un elevador para manejar los pallets. “Calculamos que necesitamos unos 250.000 pesos”, dice Patricia. “Con esa inversión, la producción pasaría a 30.000 frascos mensuales.”

“Ser emprendedor es tener hormigas en el cuerpo”, sintetiza entre risas Frusto, que ahora está pensando en sumar a las colmenas plantaciones de frambuesas en el campo de Bolívar. “Si uno está atento, hay muchas oportunidades”, concluye.

Fuente | La Nación