Efecto Boudou: por qué el asado subió 25% contra los alquileres y la nafta

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Los argentinos tienen, por el sólo hecho de vivir en su país, un master en economía. Hayan concurrido o no a la facultad de Económicas, ya hace rato que todos saben lo que es la hiperinflación, cuál es la diferencia entre tipos de cambio fijo y flotante, ya debatieron a fondo sobre la sojización y los pooles de siembra y, últimamente, tuvieron algo que opinar sobre el uso óptimo de las reservas del Banco Central.

Pero ahora parece que hay un nuevo item que se está por agregar a la polémica cotidiana: el concepto de “acomodamiento de precios relativos” y su diferencia con el tradicional concepto de “proceso inflacionario”.

En una entrevista concedida a un matutino, el ministro de Economía, Amado Boudou, ante una pregunta acerca de su visión sobre los aumentos de precios sostuvo que no hay inflación, en el sentido estricto del término.

“Lo que podemos ver es un reacomodamiento de los precios relativos, yo no veo un proceso inflacionario en la Argentina. Por ejemplo, tenemos el tema de la carne, que tiene que ver con que hubo dos años de sequía, con que no hubo el engorde necesario durante esos años y es un proceso que se va a ir revirtiendo con las medidas que se están tomando hacia delante”, fue la frase del Ministro.

Es decir, en la visión oficial no existe un proceso inflacionario típico, que se define como el aumento continuo y generalizado de precios, sino que hay algunos valores – de ciertos productos muy específicos – que, por cuestiones coyunturales, sufren subas bruscas hasta que se produce una corrección.

Un aumento, dos problemas
Pero, ¿es correcto lo que dijo Boudou, en una economía que está entrando en su sexto año consecutivo con inflación por encima de dos dígitos?

Para el profesor Víctor Beker, cuyos manuales de macro y microeconomía fueron estudiados por varias generaciones de economistas argentinos, lo que dice Boudou sólo es parcialmente correcto.

“En este momento están ocurriendo las dos cosas: estamos teniendo un recrudecimiento de la inflación, pero además hay un problema particular con el mercado de la carne vacuna”, dijo en diálogo con iProfesional.com.

El académico explicó que puede hablarse de reacomodamiento cuando, en un producto específico, hay un problema de falta de oferta o de aumento extraordinario en la demanda que determine una suba del precio. “Pero cuando eso ocurre, la tasa de inflación casi no se mueve, porque al mismo tiempo hay movimientos de otros precios a la baja, que es lo que ocurre en una economía normal. Y no es lo que estamos viendo hoy en la Argentina”, agregó.

Por otra parte, cuando se producen los acomodamientos de precios como consecuencia de problemas coyunturales o de aumentos estacionales de la demanda, lo normal es que en el corto plazo se produzca una recomposición que haga volver los precios a sus niveles “habituales”.

Pero eso no es lo que los expertos están percibiendo en el caso de la carne.

“Es cierto que en esta época del año suele haber una disminución de la oferta. Pero esta vez hay problemas mucho más profundos, como la pérdida de tres millones de cabezas de terneros, que es una consecuencia directa de la política agropecuaria del Gobierno”, disparó Ernesto Ambrosetti, economista jefe de la Sociedad Rural Argentina.

En este sentido, cree que la situación actual de los precios de la carne vacuna no tendrán un reacomodamiento a la baja en el corto plazo, “porque hubo un deterioro del sistema productivo y ahora dependemos de los tiempos biológicos para que se vaya recomponiendo la oferta”.

Mientras tanto, señaló que un efecto probable será un descenso en el nivel de consumo, que actualmente se ubica en los 72 kilos per capita al año, y que la población recurrirá a productos sustitutos. “Normalmente en estos casos, los productos cercanos, como la carne de pollo o de cerdo, acompañan el aumento de la carne vacuna”, explicó.

Hay que invertir en tapa de asado
Hay un punto en el que Boudou no está tan errado: las diferencias de aumentos entre los diferentes productos son más evidentes cuando se comparan en un período corto de tiempo que cuando se mira el largo plazo.

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Así, como se ve en el cuadro conformado por productos típicos de la canasta alimenticia tomados al azar, al comparar un lapso de dos años no hay grandes diferencias. Casi todos rondan un 50% de aumento, a excepción de los vacunos, como la tapa de asado, que tuvo un salto de 145%. Pero otros cortes, como la colita de cuadril, se encuadró en el promedio del 50 por ciento.

En cambio, si se considera el último trimestre, hay precios que no tienen variación, o que incluso registran una leve caída, mientras que otros productos tienen alteraciones de dos dígitos.

En la lista de los aumentos de la última semana, el sitio www.inflacionverdadera.com, que hace un relevamiento paralelo e independiente de los productos de la canasta básica, se evidenciaron fuertes aumentos, la mayoría en el renglón cárnico.

Así, la tabla la lidera la tapa de asado con un incremento de 28%, seguido por la nalga con 22% en los últimos siete dias, y completan el “top five” el bife de chorizo al vacío con 20%, la gaseosa con 11% y las hamburguesas con 7 por ciento.

Pero saliendo de la canasta alimentaria se observan variaciones interesantes.

Por ejemplo, en el año 2007, con el equivalente del alquiler promedio de un departamento de tres ambientes en Caballito se podía comprar 131 kilos de tapa de asado, mientras que hoy sólo se puede comprar 97. Dicho en otras palabras, los alquileres perdieron 26% de su costo (o valor, según desde qué lugar se lo mire) frente a ese corte vacuno.

De la misma forma, el kilo de la tapa de asado hace dos años podía comprar 4,4 litros de nafta súper, mientras que hoy su “poder adquisitivo” se incrementó a 5,5 litros, lo cual también implica una suba relativa de 25% de este corte frente al combustible.

Un clásico que acompaña al dólar
Los cambios de precios relativos constituyen un fenómeno normal en la economía y se producen como consecuencia de varios factores, tales como la innovación tecnológica, los cambios de hábitos de consumo o las variaciones estacionales.

Es muy evidente este fenómeno cuando se compara, por ejemplo, el valor de una PC o de un teléfono celular, que nacieron como productos premium para una élite y luego comenzaron a experimentar un abaratamiento continuo frente a otros con precios más estables.

Pero en la Argentina, tradicionalmente las variaciones de precios relativos han estado más ligadas a los cambios bruscos en el tipo de cambio.

Así, cuando se producen situaciones de atraso cambiario, como ocurrió en el final del régimen de convertibilidad, los bienes importados (o transables, en la jerga de los economistas) se abaratan frente a los servicios. Y lo opuesto ocurre cuando el dólar está muy alto.

La verdad es que Boudou no es el primer ministro en hablar de precios relativos. Roberto Lavagna se refirió al tema con frecuencia, y patentó la expresión “devaluación exitosa” para explicar que había logrado una efectiva ganancia de competitividad. Esto era así, explicaba Lavagna, porque al contrario de lo que ocurre en casi todos los países que devaúan fuertemente su moneda, en la Argentina no hubo una disparada inflacionaria que igualara la tasa devaluatoria.

Claro que, con el correr de los años, el tipo de cambio real fue erosionado por la inflación, y hoy muchos precios ya volvieron a ocupar el mismo nivel en dólares que en la convertibilidad.

Ya en 2005 Lavagna había reconocido que se estaba produciendo un inevitable reacomodamiento, al que no calificó como proceso inflacionario.

Por aquella época, el economista Ricardo Arriazu había escrito un artículo explicando que los ajustes relativos deberían agotarse solos, a no ser que el Gobierno incidiera para que se iniciara un proceso inflacionario.

Una de sus frases, de hace cinco años, luce bastante profética vista con ojos de hoy: “Sin embargo, existen peligros de que este proceso de reacomodamiento de precios relativos se transforme en un proceso inflacionario. Esto ocurriría si las finanzas públicas se deterioran y el Gobierno se ve obligado a recurrir a la emisión para financiar sus desequilibrios (lo que por el momento parece poco probable), o si los reajustes salariales se alejan de los incrementos por productividad y se transforman en políticos”.

El ajuste relativo que viene
Hay también otro factor clásico que distorsiona los precios relativos: las regulaciones en los servicios públicos.

Fue típico de los tiempos de alta inflación que las tarifas eléctrica, telefónica, de gas, de combustibles y demás servicios regulados fueran “reprimidas” como forma de “ancla” o contención ante la suba de precios. Hasta que se tornaba imperioso sincerarlos y se producían los clásicos ajustes violentos, conocidos popularmente con la fórmula “devaluación y tarifazo”.

Muchos economistas independientes han puesto la lupa en la política oficial respecto de los subsidios que mantienen reprimidos estos precios. Y hasta el propio Boudou ha reconocido que 2010 será un año de correcciones en ese sentido.

Por lo pronto, electricidad y gas tendrán un ajuste tarifario. Pero lo que más impactará sobre los bolsillos de los consumidores no es esta adecuación (que en el peor de los casos puede incrementar las boletas en un 20%) sino la eliminación abrupta de los subsidios. Este último hecho es el que puede multiplicar varias veces el gasto familiar en energía, con facturas que pueden llegar hasta con un 400% de aumento.

El tema ya fue objeto de polémica el invierno pasado, cuando el Gobierno debió dar marcha atrás ante las quejas por los incrementos en las facturas del servicio de gas por cañería.

En ese entonces, la decisión fue la de mantener el subsidio en los meses de alto consumo estacional. Pero Boudou, a fines del año pasado, adelantó cuál será la filosofía del Gobierno en esa materia: eliminar la situación que percibe como injusta, de un esquema que beneficia a la clase media, mientras que vastos sectores de bajos ingresos deben afrontar el costo pleno de servicios como el gas.

Más allá de la polémica sobre cómo se la lleve a cabo, hay cierto consenso en el ambiente empresarial sobre la necesidad de “readecuar el set de precios relativos”, como indicó la encuesta realizada en el último coloquio de IDEA. Allí, todos los empresarios opinaron que es imprescindible el aumento, aunque una mayoría (77%) consideró que los incrementos tarifarios deben realizarse en forma gradual y con el mantenimiento de un subsidio para los sectores más expuestos socialmente.

Es, tal vez, el próximo rubro polémico en los ajustes de precios relativos. Aunque, a diferencia de lo que ocurre en la carne, estos precios tienen la propiedad de generar aumentos en efecto dominó hacia otros sectores de la economía, ya que todas las actividades productivas cuentan a la energía como insumo importante en su mix de costos.

Sin baja a la vista
Pero volviendo a la inflación de enero, son muchos los expertos que ven con preocupación la posibilidad de una aceleración, y que incluso se espiralice en la medida en que haya una puja por aumentos salariales.

El centro de investigación Buenos Aires City, que es dirigido por Graciela Bevacqua, ex funcionaria del Indec, calculó en 2,3% la variación de precios, el registro más alto de los últimos 22 meses.

“El elevado nivel inflacionario de diciembre-enero no está explicado principalmente por razones estacionarias, sino que marca una muy preocupante tendencia de veloz aceleración, por la cual parece mostrar signos de persistencia en un rango que va del 25 al 30% anual”, dijo el informe de Bevacqua.

Y agrega que la aceleración inflacionaria “no está explicada por la reciente recuperación de la actividad económica, sino por el escenario de estanflación”.

Y Beker, que también tuvo su paso por el Indec, dice que lo que está faltando es la parte buena del reacomodamiento de precios relativos, es decir la vuelta a una situación de equilibrio. “El Ministro dice que estos aumentos se deben a una cuestión climática.Y es cierto que ese tema se va a corregir. Pero la otra parte, la que tiene que ver con la disminución de la oferta, no va a ocurrir en el corto plazo, por lo cual me temo que los precios no van a bajar”.

Y sintetiza su discrepancia con el análisis de Boudou: “Lo que el Ministro está negando es el agravamiento de la inflación”.

Fuente: iProfesional

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