Especias y hierbas de Oriente con mano de obra argentina

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Guillermo García era especialista en diseñar estrategias comerciales para empresas de otros hasta que decidió hacer algo propio. En plena crisis de 2002, pensó que su futuro podía estar en la sustitución de importaciones de especias que ya no se conseguían en el mercado local o si estaban era a precios siderales.

“Creo que tuvimos suerte, no puedo decir que haya sido una estrategia”, confiesa. “Pero hubo varios factores que ayudaron a desarrollar el nicho de mercado: no había productos importados, comenzó una movida gourmet que aumentó la demanda de nuestros productos y, por eso mismo, la demanda inicial no era tanta que no la pudiéramos abastecer.”

En ese año todavía trabajaba en el área comercial de una metalúrgica, de donde finalmente, con la crisis económica, lo despedirían por reducción de personal. Hoy, Prosabores tiene 36 hierbas y especias en la calle bajo la marca 1854, envasa medio millón de frascos anuales, obtuvo la certificación kosher (calificación que asegura el respeto de un determinado producto a las normas de la religión judía) para sus productos y realizó su primera exportación a México.

“La inversión inicial fue bastante pobre; dependíamos de mi sueldo y crecimos gracias al crédito de nuestros proveedores”, dijo.

Empezaron con hierbas y mezclas conocidas para el mercado local: orégano, albahaca, ajo, perejil, mostaza en grano, adobo para pizza, chimichurri. Pero hoy la oferta es amplia: sumaron pimientas (negra, verde), jengibre, semillas de sésamo, cardamomo, eneldo, canela, clavo de olor, semillas de kümmel, curry, hinojo en semillas, así como molinillos y especieros.

La mayoría de las especias es importada, como el cardamomo, que viene de la India o de Guatemala. “En una época, los ingleses venían, nos compraban la lana y nos vendían el producto terminado; ahora nosotros estamos haciendo un camino similar: importamos, le agregamos valor y lo vendemos afuera”.

El salto
Prosabores tiene una planta en el barrio de Barracas, donde almacena y fracciona los productos. García trabaja junto con sus dos hijos, Laura y Martín, y tres personas más. En 2002 la empresa facturó $ 40.000, y el año pasado alcanzó el millón de pesos. “El gran salto lo dimos cuando Morph empezó a exhibir nuestros frascos en sus cocinas”, dijo. Morph es un bazar especializado en decoración hogareña, con locales en exclusivos shoppings. “La gente veía las especias y empezó a pedirlas. Entramos en Winery, Falabella, y el primer supermercado que nos llamó fue Coto, que quería ofrecer productos un poco más sofisticados”, dijo García.

Para quien le gusta cocinar, las especias son mágicas: pueden mejorar o empeorar definitivamente cualquier plato. García admite que le gusta la cocina pero que no es un experto y que lo que más le llamó la atención en sus viajes por Medio Oriente eran los diferentes usos de las especias: los árabes usan el cardamomo para perfumar el café. O algunos cocineros, que “alegran” el melón con una páprika muy picante.

“Las especias existen desde hace miles de años, nosotros no inventamos nada”, dijo García. “Pero les agregamos valor: les pusimos un envase atractivo, diseñamos una etiqueta especial, envasamos productos en grano que permiten palpar la calidad y lo hicimos a un precio accesible; ése es el secreto.”

García viajará al Salón Internacional de la Alimentación (SIAL), que se realizará en París a mediados de octubre. Y la compañía está participando de la semana argentina en Francfort. Integra el consorcio Food Concept, junto con Inti Zen, Pampa Gourmet, Biolive, Cuyen y La Suerte, entre otras, que exportan productos argentinos de calidad, orgánicos o con certificación kosher. “Este año el crecimiento vendrá de la mano de las exportaciones”, culminó.

Fuente | La Nación