Grandes locales llevan meses sin alquilar en las peatonales

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Cuando las grandes superficies comerciales situadas en las peatonales se vacían hay un riesgo de que pasen años desocupadas. Es el caso ostensible del local de cuatro mil metros cuadrados que hasta hace un año albergó en Córdoba 1130 a C&A, o de la esquina donde funcionó Aguas Santafesinas hasta febrero pasado, en San Martín y San Juan.

No son los únicos grandes locales vacíos en el microcentro a la espera de que algún otro negocio los ocupe para aventar el riesgo de que la zona se degrade; algo que preocupa, y mucho, al titular de la Asociación Empresaria, Elías Soso.

El dirigente no está convencido de que las persianas bajas sean sólo el producto de un recambio lógico de alquileres en los comercios. Los grandes locales desocupados y el tiempo que llevan en ese estado parecen darle la razón: el de C&A ya cumple un año; el de Aguas cuatro meses; el que ocupaba la óptica Del Fante en Sarmiento 789, dos años y cuatro meses; el de Sólido-Fiorucci de la neurálgica esquina de Sarmiento y Córdoba, más de dos meses. Y no son los únicos: por San Martín y por Mitre hay más.

Por eso es que el dirigente se propone una verdadera cruzada. Esta misma semana, adelantó, hablará con algunos “muchachos de la peatonal Córdoba” para tentarlos con una jugada “asociativa” que intente rescatar nada menos que el enorme local de tres plantas donde funcionó C&A.

No se trataría de ninguna locura, recordó Soso. Para los memoriosos, sólo buscaría reeditar lo que fue el Radar City, un paseo de compras que abrió sus puertas en ese lugar de la peatonal en 1993.

Ese antecesor de lo que luego serían los shoppings en la ciudad tenía locales individuales conectados por una misma estética y contenidos en el lugar que años antes había ocupado el cine Radar.

Una idea “muy factible”, si por esa superficie se pidiera una “cifra razonable”, fantaseó Soso, sería instalar “un centro de compras tipo outlet o de segundas marcas, con locales bien puestos y quizás con un tono más popular, más accesible” que el de los shoppings.

Por las nubes. Nadie arriesga hoy qué valores se piden para alquilar ese enorme local y, de hecho, la inmobiliaria que lo ofrece declinó brindar esa información.

Sin embargo, poco después de desocuparse en junio del año pasado, se rumoreaba en el mercado inmobiliario que el canon mensual llegaba a varias decenas de miles de dólares. Algunos hablaban de cien mil. Lo que no parece simplificar el hallazgo de interesados.

“Es que son inmuebles únicos, particulares, cuyos procesos de comercialización suelen ser extensos por naturaleza”, justificó el titular de la Corporación Empresas Inmobiliarias de Rosario, Enrique Badaloni.

Y así como son de singulares los locales, dijo el empresario, también suelen serlo los clientes. “Normalmente hay un universo más reducido de interesados”, explicó.

Aun así, Badaloni se mostró confiado en que la reactivación del primer semestre del año, que se refleja en una mayor actividad comercial, se traslade también a una ocupación plena de los locales en las peatonales, sobre todo en Córdoba, “donde han quedado empresas de primera línea”.

Badaloni justificó incluso los precios que se piden por los alquileres en esas arterias porque en general son congruentes con la facturación de los negocios. “Los inquilinos no pueden pretender que los propietarios de los locales sean sus socios cuando les va mal y dejen de ser sus socios cuando, como ahora, les va bien”, ironizó.

Pero de eso no está tan convencido Soso. Para el dirigente, el riesgo que hay que aventar a toda costa en el microcentro de Rosario es que “se desertifique”. Y si los locales llevan años desocupados eso puede suceder.

“¿De qué sirve que hoy los dueños pidan un millón de dólares por un inmueble si cuando una zona se degrada después no pueden sacar ni 200 mil?”, se preguntó.

Mesura y apuesta.
Por eso, pidió “racionalidad” a los propietarios de locales y “espíritu emprendedor” a los comerciantes de modo que ambos, y “sobre todo la ciudad”, salgan beneficiados.

“No puede ser que cuatro o cinco familias quieran vivir del alquiler de un único local. Tienen que regular un poco sus apetitos desmedidos y armonizar su propio bienestar con el de toda la ciudad”, exhortó.

Si no, recordó, puede ocurrir lo que se ve en la esquina de San Juan y bulevar Oroño, vacía desde que partió el videoclub Blockbuster, o la de Italia y Pellegrini, desocupada desde que su dueño prefirió pagar los impuestos todos los meses con tal de no rebajarle el precio al local de artículos deportivos que lo alquilaba desde hacía años.

Fuente | La Capital