La inflación se acelera, los aumentos salariales no llegan y el bolsillo se resiente

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La suba de precios todavía no encuentra techo. Y aún con una demanda que se enfría, en marzo la inflación real se ubicó entre el 1,3% y el 1,6%, según las mediciones realizadas por distintas consultoras privadas. Para el INDEC fue del 0,6 por ciento. El mayor impacto se registró en educación, seguido por indumentaria y entretenimientos.

A la hora de proyectar el índice para 2009, los analistas coinciden en afirmar que el mismo rondará el 15%. Sin embargo, los incrementos salariales esta vez se dan en cuentagotas y muchos de ellos están postergados para el segundo semestre.

Ambos efectos dan lugar a una fuerte caída del poder adquisitivo de la población. Más si se tiene en cuenta que las empresas ahora cuentan con poco margen para otorgar subas y el número que barajan como promedio (15%). Pero al darse de manera postergada implicará, para la realidad del bolsillo, una mejora menor al 10% para el año.

Las paritarias se encuentran suspendidas y todo hace pensar que la puja salarial se dará tras las elecciones de junio. Ya no hay más “techo Moyano”, como sí lo hubo en años anteriores para marcar la cancha y, esta vez, prima más el interés por evitar despidos que por avanzar en la pelea por lograr fuertes incrementos.

Aumentos en el costo de vida
Siempre hay algo que empuja la inflación al alza y más ahora que el Gobierno decidió sincerar los precios. Es así como en los primeros meses del año transporte y servicios públicos fueron los impulsores. En marzo el rubro educación fue el que marcó la diferencia, obviamente por el inicio de clases y la suba en las cuotas de los colegios.

* Para Finsoport, la consultora de Jorge Todesca el incremento de ese mes fue de un 0,9%.
* Para Econviews, como así también para el estudio Orlando Ferreres, la suba fue superior, llegando al 1.3%
* Para la consultora de Miguel Bein alcanzó el 1,6 por ciento.

En otros estudios privados el sector alimentos también ocasionó un fuerte impacto, especialmente por el alza en el precio de la carne y de los productos de panificación por el incremento en la harina, producto del conflicto rural.

Impacto en el bolsillo
La suba de precios se da en un contexto donde las renegociaciones salariales no se concretaron para la mayoría de los empleados, especialmente quienes están dentro de convenio y esperan que las definiciones lleguen de la mano de las paritarias o de una mejora en el nivel de actividad económica que de un mayor margen a las empresas para otorgar incrementos.

De alguna manera, esto hizo que las compañías “salteen” el primer trimestre del año y posterguen decisiones de subas salariales para la segunda parte del año, más teniendo en cuenta las elecciones legislativas y su influencia en los planes de inversión. En la actualidad están más preocupadas por no despedir que por avanzar en dar mejoras. Mientras tanto, sufre el bolsillo.

En este sentido, Eric Ritondale, economista de Econviews, confirmó a iProfesional.com que “hay un debilitamiento del poder adquisitivo”, síntoma compartido por el economista Orlando Ferreres y por el especialista en temas laborales Ernesto Kritz.

Gabriel Caamaño, del Estudio Joaquín Ledesma y Asociados, explicó que “cuando necesitás depreciación del tipo de cambio real, es que se tiene que abaratar el trabajo”.

De esta forma, considera que Argentina sufrirá las consecuencias más que Chile y Brasil, porque ellos pudieron ajustar el tipo de cambio real a tiempo. En cambio, a nivel local, los salarios no pueden aumentar demasiado, y se deterioran las condiciones de trabajo. “Muchos sectores ni siquiera tendrán aumento y para otros será menor al 12%”, enfatizó.

Además de no sentarse a renegociar, en el caso del personal dentro de convenio se espera que muchos no reciban bonus y tal como confirmó Ernesto Kritz, director de Sel Consultores, para el personal fuera de convenio “hay una proporción de empresas -no menor- que redujo la política de beneficios, incluyendo premios.

Más gastos para los ejecutivos
El golpe al bolsillo para las familias de “ejecutivos profesionales” puede ser más fuerte, si se consideran los incrementos que han sufrido sectores como atención médica, equipamiento para el hogar y vivienda y servicios básicos, entre otros.

En marzo el valor de la canasta representativa de un profesional -o ejecutivo medio- alcanzó los $14.000, según se desprendió de un relevamiento realizado por Fiel para la UCEMA. La misma tuvo en cuenta las erogaciones para un ejecutivo residente en el Gran Buenos Aires, y que sufrió un alza del 20,6%, en relación con el mismo mes de 2008.

El informe consigna que la inflación para este segmento fue tres veces superior a la estimada por el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que calcula el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), para el mismo período.

Esperando el segundo semestre
Según Sel Consultores, la negociación salarial de este año se hará en un escenario de ajuste del mercado de trabajo. De una situación de pleno empleo en el sector formal, expresada en demanda laboral insatisfecha, se ha pasado a una de estancamiento, con tendencia progresiva a la disminución de la demanda.

En general, los expertos coinciden en que la caída del poder adquisitivo se dará no sólo por la inflación, sino por los cambios en el mercado de trabajo, con un menor ingreso por asalariado. De esta manera, se produciría una caída o estancamiento de la masa salarial por comportamiento del empleo, consecuencia que se sentirá con más fuerza a partir de julio.

Osvaldo Cado, de Prefinex, agregó que “si bien los aumentos están en línea con la inflación, esto va a cambiar después del segundo semestre del año, cuando se verá una caída de los salarios en dólares, que es lo que necesita la industria”.

“Tanto el sector exportador como los transables quieren reducir sus costos (en dólares). En los sectores de producción las remuneraciones se llevan el 40% de los costos productivos, entonces hay diferencias importantes”, expresó.

Por otra parte, consideró que será clave la evolución del sector informal, que ahora puede estar creciendo porque pocas compañías toman empleados en blanco. Prefieren pagar un aumento de 30% que le resulta más barato que asumir las cargas patronales.

El embudo: menos ingresos, menos consumo
La primera consecuencia de una inflación que sigue en pie con salarios estancados es la retracción del nivel de compras.

Según pronosticó la consultora Ecolatina, las perspectivas del consumo en 2009 no son alentadoras dado que, según expresan: “Por un lado, el ingreso de los consumidores ya se ve afectado por la recesión, mientras que la elevada incertidumbre- exacerbada por el proceso electoral – acota los gastos de las familias”.

Por otro lado, los planes de incentivo anunciado por el gobierno no han dado el resultado esperado y para la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) la caída de ventas lleva a concluir que estas medidas no surtieron efecto.

Según CAME, en marzo las unidades vendidas en los comercios minoristas cayeron 14,8% respecto del mismo mes de 2008.

Para Sel Consultores, en este escenario de menor consumo, las empresas, están dispuestas a ofrecer un incremento salarial del orden de 15%, con poca dispersión entre sectores. Esto está en línea con la inflación que calculan para este año. El problema está en que la suba de precios continúa y los incrementos no llegan, y cuando lo hagan, no serán retroactivos.

Fuente | Infobae Profesional