Les cortaron el gas a unas 300 empresas en todo el país

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Una automotriz de la provincia de Buenos Aires tuvo que recurrir, ayer al mediodía, a un tanque alternativo de gas natural licuado para cubrir por lo menos un turno de trabajo. En una papelera vecina volvieron ayer a sufrir el mal crónico de los inviernos argentinos. “Sí, nos cortaron el gas”. Pero, por favor, no lo vaya a decir, ¿no?, que bastantes problemas tenemos.” El frío volvió con la clásica postal energética local: cortes de gas sin plazo de reanudación a unas 300 industrias en todo el país, susurros de quejas y pavor empresarial.

La orden llegó desde el Gobierno y fue pactada, anteayer, durante una reunión de funcionarios del Ministerio de Planificación Federal y del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas) con técnicos de las empresas distribuidoras y transportistas de gas. La medida arrancó levemente el martes y recrudeció ayer, para anticiparse a los próximos días de frío. Afectó a grandes usuarios de todo tipo: siderúrgicas, automotrices, fabricantes de papas fritas o cerámicas, procesadoras de alimentos, petroquímicas. “Hubo cortes todo el día”, insistieron en una citricultora de Tucumán. Córdoba y Santa Fe también lo padecieron.

La situación se agravó en los últimos días con el paro petrolero de Santa Cruz. A diferencia de otras veces, las restricciones son por tiempo indeterminado. El corte no es total, sino que se aplica sobre la parte del contrato de provisión de servicio interrumpible -los clientes pagan una tarifa más barata y se exponen al racionamiento- o a los contratos denominados en la jerga “firme con ventana”, que son firmados entre la distribuidora y la empresa con un acuerdo sobre una determinada cantidad de días de cortes por año. No se suscriben ya, como hubo en los tiempos energéticos anteriores a 2004, contratos con garantía total de suministro, aquellos llamados “firmes”. Si había alguna duda al respecto, en una distribuidora se despatarraron ayer de risa ante la pregunta: “Por favor, no, los contratos firmes son parte del pasado”, contestaron.

Parte del inconveniente había sido anticipada la semana pasada por el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, durante la inauguración de una turbina eléctrica en Campana, cuando negó la posibilidad, para este invierno, de un racionamiento eléctrico como el que se aplicó el año pasado. “Puede ser que tengamos algunas restricciones en gas, pero lo vamos a cubrir, en los días de pico, con combustibles líquidos”, había dicho el ministro. En efecto, eso es lo que pasaba ayer y muy probablemente se extienda hoy y mañana: el uso de fuentes alternativas que han adquirido las empresas previendo los problemas. “Ya compramos un tanque de gas licuado de petróleo, pero vamos a comprar otro”, contaban en una fábrica. “Por favor, le digo que tuvimos cortes; lo único que le pido es que no ponga que se lo confirmamos acá”, rogaba un ejecutivo.

Sin gas ni palabras
La situación energética ha engendrado en la Argentina un escenario único en el mundo. Casi como si disfrutaran de cada restricción, las empresas perjudicadas prefieren no quejarse. “Cortaron, sí, pero en secreto. Acá no quieren difundirlo a la prensa”, soltaron en otra automotriz bonaerense. Lo mismo ocurre con las firmas distribuidoras, que tampoco reclaman por no tener para vender el producto con que se ganan la vida. “Usted sabe que estas decisiones se toman en el gobierno de Buenos Aires. Por favor, esto es absolutamente off the record “, rogaron en una distribuidora privada del interior.

El momento no es fácil para nadie. Ayer, el propio De Vido les pidió en público a los empresarios, en un congreso de transporte: “Lo que están a favor del modelo económico deben decirlo. Ahora, el que no suma resta. No es hora para tibios” (de lo que se informa en el cuerpo principal del diario).

El problema es, en efecto, de temperatura. Según informes meteorológicos que tienen las empresas, el mes actual tuvo, en promedio, tres grados más que el mismo del año pasado. Pero hizo frío y la sábana es corta. Por la falta de inversión y un crecimiento desbocado del consumo de gas, la Argentina tiene un considerable déficit de suministro que, este año, durará seis meses.

Fuente | La Nación