Por una medida oficial, se acumula petróleo sin vender

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Entre irónico, cortés y resignado, Juan José Aranguren, presidente de Shell, saludó la semana pasada al dirigente agropecuario Luciano Miguens, con quien se cruzaba por casualidad en los estudios de Canal 13. “¿Y ustedes se quejan de que un 44% a la soja es confiscatorio?”, sonrió, en referencia al nivel de las retenciones que se aplican a las exportaciones de granos. La pregunta del petrolero resumió no sólo el actual malestar de ese sector, sino un embrollo sin precedente provocado por una resolución que colocó, hace seis meses, las retenciones a las exportaciones de crudo en el 65% real del barril: hoy, la industria no tiene precios definidos para exportar, pagar regalías o vender al mercado interno.

Se trata de un caos jurídico que no sólo desencadena discusiones entre productores y refinadores por el valor mayorista del insumo, sino una situación insólita en momentos en que recrudece la falta de combustibles: algunos cargamentos de petróleo se acumulan en los puertos porque nadie sabe a cuánto venderlos. Además, deambulan en el mercado dos precios distintos, según se empleen para pagar regalías o retenciones.

La pelea es diaria. De un lado están refinadores puros, como Esso y Shell. Del otro, productoras como Chevron San Jorge o Pan American Energy. Las transacciones entre empresas han quedado atrapadas en una realidad desopilante: mientras los refinadores pagan un determinado precio, los productores facturan más por la misma operación. Todos suponen que en algún momento alguna mano judicial o gubernamental mágica les dará la razón.

El jueves pasado, personal de la firma Oil Tanking Ebytem, que controla la terminal de Puerto Rosales en Punta Alta, en el sur de la provincia de Buenos Aires, se reunió con petroleros para advertirles que la capacidad de almacenamiento quedaría saturada esta semana. Se acumulan unos 3000 metros cúbicos por día de Pan American.

En febrero pasado, 40.000 m3 de crudo Hydra, el más apto para gasoil, permanecieron estancados hasta que el Gobierno, ante el desacuerdo interno, autorizó su exportación. “Eso es una locura en medio de la escasez: es como exportar gasoil”, se ofuscaron en una refinadora.

La resolución es la 394, de noviembre pasado. Fue confeccionada por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y firmada por el entonces ministro de Economía, Miguel Peirano. Tres días antes, Daniel Cameron, secretario de Energía, se había retirado de una reunión en el Palacio de Hacienda enojado con la medida.

La iniciativa no sólo prosperó, sino que no recibió entonces una sola crítica de los petroleros, a pesar de que muchos la consideraban un golpe de gracia para la industria. Aunque maniatada e incapaz de generar inversiones importantes, la rentabilidad petrolera persiste en la Argentina.

El problema fue la ambigüedad del texto -elaborado con información que la Secretaría de Energía obtuvo de Petrobras-, que dispuso que de un barril de crudo sólo US$ 42 quedarían para las empresas y el resto iría al Estado. La resolución nada decía sobre las diferencias de calidad en cada cuenca, que obligan a aplicar descuentos de precio. Así, por ejemplo, si en Texas el barril cuesta 124 dólares, el de Cerro Dragón, en Chubut, tendrá un descuento de 9 dólares; el de Cañadón Seco, de US$ 8; el de Medanito, de US$ 0,20, y el de Tierra del Fuego, de US$ 0,10.

¿Qué valor tomar para el mercado interno? Los refinadores afirman que los US$ 42 deben ser un techo al que después hay que aplicarle los descuentos por cuenca. Así, pretenden pagar más barata la materia prima para refinar nafta o gasoil: un barril a US$ 38, por caso. Los productores, en cambio, consideran que los 42 deben ser un piso y que los descuentos, en todo caso, tienen que aplicarse sobre el valor internacional. Un barril de 46 dólares.

La resolución nada aclara al respecto. Aun así, el Gobierno admite ambos valores. Para liquidar regalías a las provincias les da la razón a los productores. Lo contrario despertaría la ira de los gobernadores. Y, para pagar retenciones, la Aduana recibe los precios que quieren los refinadores.

Las petroleras prefieren el silencio. Pero, en la última semana de abril Chevron San Jorge ofreció al mercado 3000 m3 de crudo a US$ 47. A nadie le pareció atractivo y otro cargamento se acumuló en el puerto.

Hay acusaciones mutuas. “Están haciendo un gran negocio sacándoles rentabilidad a los productores -se quejaron en una empresa-. Los precios subieron en los surtidores y tienen margen.” En las refinerías se defienden: “La resolución dice que debe haber rentabilidad en todas las etapas. Con el criterio de los productores, perdemos”.

Fuente | La Nación