Soluciones ante la discapacidad

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Patricia Simón se apoyó en la experiencia personal para crear Andamio, la primera empresa argentina de productos diseñados especialmente para niños con capacidades diferentes.

Hace ocho años, esta arquitecta de 39 años tuvo que enfrentar la dura experiencia de un parto prematuro y el desafío de criar a un hijo con parálisis cerebral. Fue entonces cuando descubrió que no había productos de ortopedia o de uso cotidiano aptos para chicos con dificultades motrices leves o moderadas.

“Los artículos de ortopedia están pensados para adultos y los que usan los niños están adaptados en forma casera por las madres. Yo también tuve que hacer esas adaptaciones, hasta que me decidí a fabricarlos de cero y con un perfil estético que no marcara aún más la diferencia de los chicos”, señaló Simón, que en 2002 se decidió a probar diversos prototipos.

El primero fue una silla esquinera que armó con la ayuda de un diseñador industrial.

“No podía ver la dimensión que tenía el negocio, así que al año siguiente fui al Centro Metropolitano de Diseño con mi idea y me alentaron a seguir adelante”, recordó la arquitecta.

“En 2004 participé en el concurso Incuba y después en Buenos Aires Emprende, en el que gané un crédito de 90.000 pesos para poner en marcha el proyecto. A eso sumé ahorros propios y la inversión inicial total llegó a 170.000 pesos”, agregó.

El capital sirvió para armar el circuito de proveedores y trabajar en los productos. Los desarrollos se hicieron con el apoyo de diseñadores industriales, fisiatras y profesionales de la salud.

“Fueron muchas reuniones con especialistas para poder armar productos funcionales y estéticos”, dijo Simón, que incorporó al diseñador Javier Leveratto, de 24 años, a su proyecto.

Andamio tuvo listo su primer portafolio de productos este año. Se lanzó al mercado con las líneas Alimentación, Set Escolar y Adaptadores de Asientos. La primera, por ejemplo, está formada por cubiertos para estimular la autoalimentación en niños con problemas de coordinación.

“La inclinación a 30 grados del cubierto les facilita llevarse el alimento a la boca. La morfología del mango permite, a su vez, una toma segura y contenida. La línea también tiene cubiertos con mangos en forma de anillo, que permiten introducir la mano para fijar el cubierto en una postura de agarre”, explicó Simón.

La línea escolar, en tanto, tiene adaptadores de crayones y lápices que estimulan la escritura. “La morfología orgánica permite diferentes formas de tomar el producto, lo cual es muy útil para los chicos que no tienen un buen agarre”, precisó la emprendedora. Andamio también ofrece los adaptadores de asiento, que están pensados para evitar accidentes provocados por caídas frontales y laterales, o deslizamientos.

“Todos los productos están sellados y no pueden ser modificados antes de llegar al cliente. Además de funcionales, vienen en varios colores y formas divertidas, algo que no se veía en el mercado”, destacó Simón.

Andamio salió a vender a lugares especializados como la clínica Fleni y el Centro de Parálisis Cerebral. La compañía alcanzó un promedio mensual de ventas de $ 35.000 y en los últimos meses extendió su presencia al interior.

“Tenemos distribuidor en Córdoba y estamos arreglando el sitio de Internet para fortalecer la venta directa”, dijo Simón.

La emprendedora descubrió que parte de sus productos podían servir a todos los chicos por igual.

“Son funcionales no sólo para los que tienen dificultades. Eso lo aprendí después. Por eso, la empresa hoy abarca un campo más amplio gracias al set de alimentación”, señaló Simón, que está dialogando con cadenas de farmacias y locales de ropa para niños para incorporarlas a su cadena de revendedores.

En los planes futuros de la empresa figura la exportación a Brasil.
170.000

Inversión inicial en pesos
* Simón sumó el dinero ganado en el concurso Buenos Aires Emprende con ahorros personales

Fuente | La Nación