Una apuesta familiar al boom del aceite de oliva extra virgen

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Francisco y Guido Raspagliesi tienen 24 y 26 años y hace un año que se dedican a la producción de aceite de oliva de pureza extravirgen, con la marca El Mistol. Los dos hermanos (de un total de seis) buscaron darle una vuelta de tuerca a la producción familiar de aceitunas, y luego de una paciente investigación de mercado se orientaron a un producto “de altísima calidad”.

Hace diez años su padre compró, gracias a la ley de diferimiento impositivo, 200 hectáreas de olivos en la provincia de San Juan, donde se dedicó a la producción de aceitunas para mesa. El año pasado, Francisco, licenciado en economía empresarial de la Universidad Torcuato Di Tella, y su hermano Guido, ingeniero industrial por el ITBA, pensaron en sumar valor agregado a la producción y destinaron una cosecha a incursionar en el mercado del aceite de oliva premium y extrapremium. El nombre elegido fue El Mistol, debido a la planta con supuestos poderes curativos que hay en la finca sanjuanina.

“En las primeras catas, de 0 a 9 puntos, el aceite oscuro dio 8 puntos y el más claro, 7,5”, se enorgullece Francisco. Esta calificación fue otorgada por el COI, Consejo Oleícola Internacional. “En el mercado local parece que hay mucha oferta de aceites de oliva, pero es así porque los consumidores no están bien informados. Hay muy pocos aceites con una calidad como la nuestra; nosotros seleccionamos las aceitunas una por una”, dijo el emprendedor.

El aceite premium salió a la venta con un precio de 21 a 22 pesos, mientras que el extrapremium ronda entre 27 y 35 pesos. Los emprendedores están en conversaciones con la cadena de supermercados Jumbo para colocar el producto en sus góndolas. “Nos interesa el canal gourmet de distribución y el de los restaurantes con mejor carta”, dijo Francisco.

La finca Don Mario tiene un total de 200 hectáreas, de las cuales 180 son netas de aceitunas. Actualmente se encuentran desarrolladas 115 (desde 1998 hasta hoy) y se pretende finalizar el desarrollo de este campo en 2010. En cuanto a la producción, hoy ronda los 500.000 kilos, pero las proyecciones resultan en una producción total de alrededor de 1.750.000 kilogramos cuando la finca se encuentre en plena producción.

“En estos diez años se invirtieron entre 4 y 5 millones de pesos en la finca”, dijo Francisco. “Lo importante es que es un emprendimiento que se autofinancia, con lo cual pudimos desarrollar la marca y el producto.” La facturación de la empresa está en torno de los $ 1,5 millones y los emprendedores planean levantar una planta boutique para procesar la aceituna (que hoy hacen en plantas de terceros), que demandaría una inversión de US$ 1.750.000.

Nuevos proyectos
El desarrollo de la planta boutique, que fue diseñada por Agustina, hermana de Guido y Francisco, que es arquitecta, responde a la necesidad de procesar las aceitunas propias y, además, dar servicios a terceros. “Pensamos que el desarrollo del mercado del aceite de oliva es similar a lo que sucedió con el vino argentino; por eso apostamos a una planta propia, como las bodegas nuevas que están surgiendo en el país”, dijo Francisco.

También están estudiando adquirir nuevas tierras para duplicar la producción en cinco a siete años. “Lo más complicado es saber cuánto se manda a producción. El aceite que no se vende tiene que ser destinado a venta a granel, y eso es antieconómico”, explicó el emprendedor.

Otro de los proyectos en carpeta es producir fideos bajo la marca El Mistol, aprovechando que su familia posee campos en la zona de Benito Juárez, donde plantan trigo. “Seríamos una especie de De Cecco argentinos”, se ilusiona, en referencia a la marca italiana de fideos y aceite de oliva.

Fuente | La Nación