Crecimiento y Desarrollo

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Por Elías Soso
En los últimos tiempos se ha intensificado el empleo del término desarrollo y se lo ha calificado de diferentes maneras: Desarrollo nacional, desarrollo regional, desarrollo sustentable. La verdad es que el concepto se ha instalado en el debate hace ya más de medio siglo, y se lo ha presentado como contracara de subdesarrollo. También se lo ha confundido con crecimiento económico.

En primer lugar, desde el punto de vista del espacio geográfico que se abarca, aparecen los términos desarrollo nacional y desarrollo regional, aunque en el mundo actual debe hablarse de Desarrollismo Regional, siendo Argentina y Brasil el núcleo de un nuevo desarrollismo a escala regional, y a la vez sudamericana.

La otra cuestión que es necesario abordar es el concepto de desarrollo frente al de crecimiento. Hay quienes reemplazan el término desarrollo por crecimiento, buscando no aparecer identificados con el desarrollismo, lo cual provoca una confusión conceptual y tergiversa el análisis. Ambos términos significan un cambio pero es necesario diferenciarlos. El crecimiento representa un cambio cuantitativo en lo económico, y se mide por lo general por el coeficiente de aumento del producto bruto interno (PBI). Sin duda, es importante ese aumento pero eso no es suficiente para el progreso y bienestar del país.

Cambio Cualitativo de la Estructura Productiva
Lo trascendente para cambiar las perspectivas de una sociedad es que su transformación se opere a través de un cambio cualitativo de su estructura productiva. Es decir, que se dé un cambio que va a permitir, a partir del mismo, un crecimiento sostenido de su economía, no sólo en cantidad sino en su calidad, es decir, el ingrediente de justicia distributiva que haga que los beneficios de ese crecimiento, lleguen a todos los sectores de la sociedad.

Lo expresado indica que debe desplegarse un programa de desarrollo propio, que ponga en movimiento todos los recursos productivos que se dispongan. La estrategia será implementar un aparato productivo integrado, conformado por un importante sector proveedor de materias primas, una fuerte base industrial elaboradora de producciones manufactureras básicas y bienes de capital y equipos, y un amplio sector terciario de servicios, incluyendo también una vigorosa expansión en el campo del conocimiento técnico y científico.

Por eso la propuesta de un proyecto de desarrollo nacional debe apoyarse en actividades de mayor valor económico agregado, que es lo que acontece en los llamados países centrales, naciones fuertemente industrializadas y de gran avance en las actividades de la investigación, las innovaciones y las producciones tecnológicas.

Estas condiciones permiten alcanzar una mejor inserción en el marco de las relaciones internacionales, y en particular en el sector del comercio exterior, lográndose una mayor competitividad, resultante de la eficiencia de la estructura productiva del modelo desarrollista.

Aparato Productivo y Sector Externo
Por el contrario, la composición del aparato productivo de una economía no desarrollada revela sus debilidades en su sector externo, y como aquél torna a éste fuertemente dependiente y vulnerable. Un ejemplo lo tenemos en nuestro país. Sus exportaciones e importaciones vienen aumentando. Si tomamos el último quinquenio 2005/2009, las exportaciones en los años extremos pasaron de 40.386 a 55.669 millones de dólares USA y las importaciones de 28.686 a 38.780. Ambos años tuvieron superavit de 11.700 millones de dólares USA y 16.889 respectivamente. A su vez, las exportaciones en el período enero-septiembre de este año 2010 sumaron algo más de 51.000 millones de dólares USA y las importaciones de enero-agosto 40.573 millones. El aumento de las exportaciones fue del 24% con respecto a las del mismo período del 2009, y el de las importaciones del 46%. El primero tuvo su apoyo en los mejores precios de nuestros productos primarios, en particular la soja, mientras el aumento de las importaciones se caracterizó por la importante participación de bienes de capital, intermedios y de consumo masivo. A esta característica se agrega por el lado de las exportaciones, la siguiente composición: productos primarios (MP) 24,70%; manufacturas de origen agropecuario (MOA) 32,40%; manufacturas de origente industrial (MOI) 33,90%; y combustibles y energía (CyE) 9,00%.

Quiere decir, que la estructura de nuestro sector externo nos muestra una clara identificación: exportaciones de materias primas y producciones industriales de bajo valor agregado, mientras las importaciones están fuertemente representadas por bienes de capital y producciones de alto valor agregado.

Por otra parte, debemos considerar a las inversiones como un factor decisivo en el desarrollo de la economía de una Nación, sin ellas no hay cambios, ni producción, ni trabajo, pero es importante tener en cuenta, el destino de esas inversiones, es decir, si sólo van a sectores de la producción para exportar commodities, o producciones industriales agropecuarias de bajo valor agregado, en cuyo caso, no servirían para la transformación y el progreso del país. En cambio, sí jugarían en favor de la consolidación, modernización y desarrollo del país, si se desarrollaran en infraestructura de transportes y comunicaciones, energía, manufacturas industriales de alto valor agregado y producciones de actividades científicas y tecnológicas. Ello no será fácil, requiere una fuerte capacidad negociadora y gran actitud para actuar mejor ante esta oportunidad. Esperemos que nuestra dirigencia sepa elegir lo mejor para Argentina. La política de desarrollo sigue vigente. Y la regla del deterioro de los términos del intercambio también. Masiva producción y alta productividad en materias primas y alimentos, sólo son explicables por la participación, por la inversión en bienes y servicios de elevado valor agregado. Esta es la meta a alcanzarse.